HOSPITAL DE DIA Y REHABILITACIÓN

 

 

Ponencia presentada en las IV Jornadas AMRP Madrid, 1998, por Marisa Múgica Acarregui.

 

Revisado para publicación en el Boletín de la AMRP por

Marisa Múgica Acarregui y Ricardo Guinea Roca.

Marisa Múgica es Médico y Psicoterapeuta de Hospital de Día Madrid.

Coordina el Grupo de Padres de la Asociación Alonso Quijano.

Ricardo Guinea es Médico, Psicoterapeuta y Director Gerente Hospital de Día Madrid.

guinea@hdmadrid.org

 

 

 


Abstract:

El hospital de día es un dispositivo institucional intermedio de creciente interés en el ámbito de la salud mental. Se examinan las características del abordaje de primeros episodios en hospital de día, las características de los pacientes para los que el dispositivo es apropiado y los canales típicos de acceso al recurso. Se revisa la bibliografía sobre hospitalización parcial, el perfil de pacientes abordables, y su utilidad en términos de eficacia y coste / efectividad con respecto a la hospitalización completa convencional, que sugiere que para determinados la hospitalización parcial es comparable en eficacia a la hospitalización convencional, y superior en términos de reducción sintomática, relación coste / efectividad y satisfacción del paciente.

Se describe el marco conceptual en que el trabajo sobre primeros episodios desde hospitalización parcial es relevante para un concepto de rehabilitación psicosocial de la atención de pacientes graves, en términos de lograr la habilitación de los pacientes que por su edad aún no han logrado adquirir las competencias esperables de un adulto.

Se describe el perfil de los pacientes referidos para evaluación y tratamiento, la metodología de trabajo de Hospital de Día Madrid y se avanzan resultados procedentes de trabajos de revisión realizados en el propio hospital de día.

 

Palabras clave:

Hospital de día, rehabilitación psicosocial, habilitación, primeros episodios, intervención precoz, psicosis, esquizofrenia, comunidad terapéutica.

 

Introducción.

En el momento del debut y abordaje precoz de cuadros psiquiátricos graves, como esquizofrenia, trastornos afectivos mayores, psicosis inducidas por consumo de drogas, trastornos graves de la personalidad o trastornos de la alimentación, concurren algunas circunstancias particulares. Con frecuencia, el debut se produce en adolescentes o adultos jóvenes (1). Por razones obvias, es el momento en que se debe establecer el diagnóstico, informar al paciente y a sus familiares y proponer un plan terapéutico. Cada una de estas tareas requiere desplegar conductas técnicas de cuya adecuación y éxito dependerán posiblemente la adherencia al tratamiento y la evolución clínica posteriores y, por consiguiente, el pronostico clínico y social del cuadro.

Por otra parte, la gravedad de los cuadros psicopatológicos en juego, difícilmente permite que se traten exclusivamente de manera ambulatoria, y requiere de la puesta en juego de dispositivos institucionales más intensivos. De entre ellos, la bibliografía reciente pone de manifiesto que el hospital de día (HdD), como institución intermedia, es un recurso comunitario de creciente interés para este tipo de personas enfermas (2, 3).

Más allá de la descripción de sus de prácticas concretas, el interés de contemplar la atención de un hospital de día como inspirado por un estilo de atención orientada a la rehabilitación (4, 5) nos parece estratégico. Una parte de los pacientes tratados en HdD necesitarán de cuidados psiquiátricos durante largo tiempo para mantener su estabilidad y prevenir o tratar recaídas. Proponemos que en el estilo de atención de un HdD se puede tener en cuenta ese hecho, de manera que en el pormenor del abordaje de cada caso en concreto en cada momento en particular, se planteen como objetivos estratégicos a tener en cuenta la aceptación de la enfermedad, la adherencia al tratamiento y la orientación hacia la recuperación más allá del tiempo en el que estén bajo tratamiento en HdD.

 

Hospitalización parcial o de día: indicaciones y características .

DiBella et al. (6) definen así el tratamiento psiquiátrico en hospitalización de día o parcial:

“Hospitalización parcial es un tratamiento psiquiátrico de ocho o más horas a al semana, para un grupo de seis o más pacientes ambulatorios, proporcionado por un equipo de dos o más profesionales y que consiste en terapias interconectadas en un contexto de comunidad terapéutica. Típicamente, un hospital de día acoge a los pacientes entre 20 y 35 horas a la semana, atiende entre 20  y 25 pacientes, con un equipo de entre cinco y siete personas”.

“Los programas estimulan la participación regular del paciente en el programa, que se desarrolla como mínimo dos veces por semana, y como mínimo tres horas por día –aunque menos de 24-, y se prolongan por al menos tres semanas (aunque su efectividad es constatable a partir de los 90 días)”.

(La traducción es de los autores)

 

Según el criterio actual de la American Psychiatric Association (3)

“La hospitalización parcial puede ser usada como una alternativa inmediata al tratamiento hospitalario para pacientes psicóticos agudos o para continuar la estabilización tras un breve ingreso hospitalario. Como en todos los casos que procuran alternativas a la hospitalización para pacientes agudamente enfermos, el paciente no debe ser evaluado como en riesgo de causar daño a si mismo o a otros, debe ser capaz de cooperar mínimamente en el tratamiento, y debe tener un contacto significativo con un cuidador ajeno al hospital de día comprometido con el tratamiento (una residencia de crisis puede jugar el mismo papel) y debería tener acceso a recursos adecuados de tratamiento comunitario. Estas alternativas, incluyendo la hospitalización parcial, tienen la ventaja de evitar la disrupción de la vida del paciente, el tratamiento se realiza en un ambiente menos restrictivo y reduce el estigma asociado a la hospitalización psiquiátrica”.

(La traducción es de los autores)

 

            Aunque existe controversia sobre los indicadores específicos que predicen qué pacientes podrán beneficiarse de tratamiento en HdD, hay estudios (7) que sugieren que el HdD es mas adecuado que la hospitalización psiquiátrica convencional en una unidad de agudos para pacientes jóvenes, con historia psiquiátrica  corta y con suficiente apoyo familiar y social.

 

Una revisión reciente de la American Psychiatry Association (8), refiere estudios controlados que muestran que la hospitalización parcial es al menos tan efectiva como el tratamiento en unidad de agudos -y en algunos estudios, más efectivo-, en áreas como reducción de tasa de rehospitalización, reducción de síntomas, y preservación del funcionamiento social. Esos estudios han sido realizados con grupos heterogéneos de pacientes, incluyendo un porcentaje amplio de ellos con diagnóstico de esquizofrenia.

 

            El Estudio Cochrane 2001 (9) admite evidencia de que los programas de hospitalización parcial son superiores al tratamiento ambulatorio y centros de día en la mejoría de síntomas psiquiátricos y en la adherencia al tratamiento.

 

            Entre las recomendaciones actuales de al OMS (10), figura que

            “Los servicios de salud mental deben prestarse antes en la comunidad que en instituciones o hospitales psiquiátricos. La atención comunitaria conduce a mejores resultados terapéuticos y en una mayor calidad de vida para los individuos afectados por trastornos crónicos. El traspaso de pacientes   de los hospitales psiquiátricos a sistemas de atención comunitaria es una medida potencialmente costo-eficaz, favorable para los derechos humanos, contraria a la estigmatizaron de quienes reciben tratamiento y facilitadora del tratamiento precoz”.

 

                                                                                                                    Rehabilitación en Hospital de Día.

                                                                                                                    Valorado desde la perspectiva de la Rehabilitación, para un porcentaje importante de pacientes que debutan en un cuadro psiquiátrico severo, el contacto con el HdD está al principio de una larga trayectoria de relación con profesionales e instituciones.

Como ya se sugirió, el tratamiento de una población de edad tan específica, implica una serie de particularidades que se suman a las propias del tratamiento de personas con cualquier trastorno mental: Más que ante la perspectiva de iniciar una tarea de ayudar en su rehabilitación y readquisición de competencias perdidas a causa de su enfermedad, nos encontramos ante chavales que están iniciando su proceso de habilitación  como ciudadanos, tanto en el ámbito personal como social.

 

1.      Todavía no han adquirido - están en el momento vital de proceso de adquirirla -, su autonomía personal. Dependen afectiva y económicamente de los adultos con los que conviven.

2.      No tienen independencia económica; es posible que aún no hayan empezado a utilizar de manera autónoma algunos de los servicios y recursos comunitarios, - sanitarios, culturales, sociales,  transportes, etc.-.

3.      No están todavía en edad de decidir sobre su destino. Es el momento en que empiezan a vivirse como  seres independiente con sus propios deseos e intereses, y diferenciados de los de los adultos que les rodean, proceso largo y costoso que realizan a base de acercamientos, idealizaciones, rechazos, conflictos con los adultos del entorno (padres, profesores, equipo técnico del HdD) con los que no acaban de encontrar la distancia adecuada; también es el momento de descubrir que los adultos no son omnipotentes con la frustración que este descubrimiento les acarrea.

4.      Están en plena transformación corporal, se están desarrollando los caracteres  sexuales secundarios  y  la sexualidad irrumpe en sus vidas, lo que introduce variables nuevas que se desarrollan más o menos afectadas, imbricadas o en paralelo con la psicopatología.

5.      Su medio social se esta configurando, es un momento en que cobran un valor especial, la amistad, el grupo de pertenencia, los pares.

6.      Están en período formativo, la mayoría siguen en edad escolar y es un asunto delicado si pierden su escolarización.

A todo este proceso, común para cualquier adolescente es a lo que proponemos considerar proceso de habilitación, como proceso de paso a la vida adulta. Y es obvio que la aparición de un trastorno mental grave sobre estos pacientes, con el sufrimiento, aislamiento y distorsión en la percepción de la realidad que conlleva, puede producir un impacto en este proceso de habilitación, que puede quedar detenido o sufrir serias desviaciones. Al abordar el tratamiento de esta población nos parece una gran responsabilidad incidir en este aspecto, pues va a orientar el futuro del paciente, no solo como tal sino también como individuo.

 

Podemos considerar el trabajo dividido en tres grupos de objetivos:

1.        Lograr una mejoría y estabilización psicopatológica sostenida.

2.        Apoyar su proceso de habilitación; que su  proceso de desarrollo de habilidades personales y sociales continúe y se desvíe lo menos posible de su trayectoria  vital. Se trata de acompañar, potenciar a estos muchachos  en una época en la que el desarrollo de sus cualidades y  habilidades va a marcar de forma  definitiva su futuro.

3.        Objetivos específicos de rehabilitación: recuperar las habilidades  personales y sociales  ya afectadas por su proceso psiquiátrico.

 

Características especificas del programa de Hospital de Día Madrid.

                                                                                                                    Hospital de Día Madrid, que abrió sus puertas en 1988, fue concebido como un centro abierto, dedicado al trabajo con adolescentes y jóvenes con trastornos mentales graves -no solo psicosis-, y organizado en forma de comunidad terapéutica, que, sintéticamente consiste en que el equipo técnico delega toda la responsabilidad técnicamente posible en los pacientes en cuanto a organización de las actividades  vida cotidiana y organización interna, bajo el control y la supervisión del equipo y con las lógicas salvedades de la dirección médica, gerencia, etc.

            Cada forma de organización institucional tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La forma de organización como comunidad terapéutica ha sido propuesta por varios autores clásicos como Main , Bion, o Jones (11). Existe controversia sobre sus ventajas e inconvenientes con respecto a planteamientos de tipo hospitalario convencional. Según distintos autores, el modelo médico hospitalario convencional tiene el inconveniente de que potencia la pasividad, dependencia, y regresión del paciente. Por el contrario, la organización como comunidad terapéutica da la máxima responsabilidad al usuario, favorece la recuperación de la relación social mediante sus dinámicas grupales y evita el “hospitalismo”. Por otro lado, se ha señalado como sus inconvenientes la posibilidad de inducción de modelos ilusorios de expectativa de cura, la difuminación de los roles de autoridad y de la responsabilidad individual, el riesgo de aparición de fenómenos grupales malignos o de hiper-estimulación de algunos pacientes psicóticos (11).

            Balanceando ventajas y riesgos, la forma de organización en comunidad terapéutica, con un grado razonable de delegación de responsabilidades al grupo de pacientes es, nos parece, la más adecuada para favorecer la orientación de los pacientes hacia la responsabilidad por su tratamiento y su vida. Como podría decirse con el lenguaje que viene del otro lado del Atlántico, está más orientada hacia el “empowerment” de los pacientes, en el sentido de “creación del sentimiento de la propia competencia”; o, dicho de otro modo, hacia la capacidad para resolver su contingencia vital de la manera más autónoma posible a sus características y más adecuada preferencias personales.

            Las responsabilidades delegadas son principalmente la selección de objetivos en los grupos de Terapia Ocupacional, el apoyo a la existencia de una asamblea de pacientes para organizar actividades de periodicidad semanal y participar en la resolución de conflictos.

En otro orden de cosas, es importante señalar, por algunas implicaciones técnicas, la particular situación de la institución en la Red de servicios sanitarios de la Comunidad Autónoma de Madrid. Es un centro privado que se financia con cargo a seguros públicos,  privados y a particulares. Está constituida como Cooperativa de Trabajo Asociado de Iniciativa Social conforme a la Ley de Cooperativas de la Comunidad de Madrid 4/1999 de 30 de marzo, que en su exposición de motivos reconoce:

 la versatilidad del método cooperativo y la probada eficacia para crear empleo estable, y para coordinar esfuerzos de consumidores y empresas” de las cooperativas de trabajo asociado.

 En su articulo 107, la citada Ley tipifica las Cooperativas de Iniciativa Social, como:

 aquellas que tienen por objeto principal la prestación de servicios relacionados con: la prestación a la infancia y juventud, (...), y asistencia a personas con minusvalía...”

 Y en el artículo 107.3 establece que para ser reconocida como de tal Iniciativa Social, la cooperativa deberá reunir, entre otros, los requisitos de

 “constancia en los estatutos de ausencia de ánimo de lucro, y carácter gratuito de los cargos del Consejo Rector”.

Por lo que en 104.4 establece que:

 “las cooperativas de iniciativa social serán consideradas por la Administración Pública de la Comunidad de Madrid, como entidades sin ánimo de lucro a todos los efectos”.

 

Esta peculiaridad permite que el acceso al hospital no requiera necesariamente de una derivación formal, sino sólo la demanda del paciente, o de su familia si es menor de edad, lo cual simplifica el procedimiento. Las derivaciones de profesionales son por tanto siempre informales y en la práctica tienen dos procedencias fundamentales: profesionales de la salud mental o de los departamentos de orientación escolares, que son buenos detectores precoces de patología psiquiátrica.

Como el acceso al HdD es siempre voluntario, es importante desarrollar el proceso de evaluación debe ser realizado con la pericia necesaria para  evitar inducir actitudes negadoras en el paciente y favorecer la actitud de alianza y de conciencia de lo que “algo no va bien” teniendo en cuenta los criterios propios del paciente, que luego será lo que posibilite la “conciencia de enfermedad y la consecuente aceptación y adherencia al tratamiento.

 

Perfil de los pacientes atendidos.

En casi la totalidad de los casos la demanda original es en realidad demanda de evaluación.

Para analizar la procedencia de las demandas de evaluación (15), se contabilizó durante 6 meses la procedencia de derivaciones para evaluación y tratamiento en HdD, con 47 protocolos útiles de entre 15 y 24 años. (Gráfico “Derivaciones e intervenciones”. Las columnas indican los porcentajes de procedencia total de derivaciones -% totales-, y porcentajes de las procedencias en cada grupo de indicación tras la evaluación: HdD, seguimiento ambulatorio o abstención) El 60% del total de pacientes derivados procedían de los departamentos de orientación de instituciones escolares, aunque constituyeron solo el 24% de indicaciones de HdD y el 90% de indicaciones de seguimiento ambulatorio. La capacidad discriminativa de la existencia de problemas graves es menor que en otros derivadores, lo que es lógico ya que son derivadores que no tienen necesariamente formación clínica. Sin embargo, para los pacientes detectados, la conjunción de detección en el medio escolar y evaluación precoz brindaría buenas perspectivas para reducir el tiempo de evolución prodrómico del cuadro, durante el cual, según hipótesis de la literatura sobre intervención precoz (13) se produciría el principal daño psicosocial que afectará ulteriormente al paciente, aun estando también establecido que, incluso con el mejor cuidado clínico, hasta un 41% de pacientes detectados en esa fase prodrómica (14) -por indicadores: pobre funcionamiento social, depresión o síntomas negativos- desarrolla un episodio psicótico en un plazo medio de 12 meses.

 

 


Tras varias entrevistas de evaluación, los pacientes son diagnosticados y se les propone el tipo de intervención más adecuada. La mayor parte de las derivaciones totales para evaluación (60%) procedían de departamentos de orientación de instituciones de enseñanza, aunque de ese grupo procedió menos del 25% de las indicaciones de HdD y la mayor parte (90%) de los que después recibió indicación de seguimiento ambulatorio por presentar patología leve. El 25% de derivaciones totales procedían de profesionales de la salud mental, pero constituyeron el 53% del grupo que recibió tras la evaluación indicación formal de tratamiento en HdD, lo que es lógico teniendo en cuenta que es personal con formación clínica.

 


 

Los rasgos más frecuentes hallados (15) entre los pacientes que recibieron indicación de HdD (Gráfico: Rasgos en pacientes en HdD %) fueron: problemas académicos (72%), trastornos de conducta (63%), aislamiento social, (63%), síntomas psicóticos positivos (45%) y conflictos familiares (37%),

Más del 60% de pacientes derivados ya había consultado antes por problemas psíquicos, aproximadamente un 6% habían sido ingresados previamente en una unidad de hospitalización psiquiátrica convencional, y más del 15% procedían de instituciones especiales –colegios de educación especial, residencias de menores-. El 50% estaba ya en tratamiento psicofarmacológico, y el 21% del total bajo tratamiento neuroléptico.

 

Descripción de la intervención.

La asistencia fue siempre voluntaria, ya que es un centro abierto por su propia naturaleza. A partir de aquí se diseña un programa individualizado, que tendrá en cuenta las dificultades, los intereses y habilidades del paciente, y que contempla los tres aspectos ya mencionados terapéuticos, habilitadores y rehabilitadores, que contiene los siguientes componentes posibles según indicaciones:

 

1.- Tratamiento Farmacológico.

Investigaciones recientes proponen la existencia de un periodo prodrómico crítico (13, 14) y estrategias estandarizadas para tratar de reducir el daño psicosocial que hipotéticamente cabe atribuir al periodo de psicosis no tratada mediante protocolos con terapia cognitiva y risperidona a dosis bajas.

Atendiendo a esa orientación, pero teniendo en cuenta prioritariamente criterios orientados a la reducción de los síntomas positivos que afecten a la relación social (como trastornos de conducta o alucinaciones), en general tendemos al uso de neurolépticos atípicos a dosis bajas, con la esperanza de que  interfieran lo menos posible con el desarrollo social y rendimiento cognitivo del paciente. Hay que tener en cuenta que muchos pacientes están en periodo escolar y en la medida de sus posibilidades mantienen parte de sus actividades académicas. Resultaría crucial diseñar investigaciones para determinar cual es la estrategia farmacología óptima ya que tras la estabilización sintomática inicial, la impresión clínica es que los pacientes estabilizados y medicados con antipsicóticos encuentran grandes dificultades para recuperar su rendimiento académico premórbido.

Concedemos importancia a la forma en que es presentada la decisión de usar medicamentos; les explicamos el por qué y para qué de una medicación, e intentamos pactarla. Consideramos que puesto que muchas veces es el primer tratamiento instaurado, ser cuidadosos con la información, dosis, efectos secundarios, facilitara la adherencia a un tratamiento que frecuentemente será a largo plazo.

 

2.- Psicoterapia Individual.

En este terreno en particular, más que en otros, no hay unanimidad sobre como valorar qué tipo preciso de intervención es más útil en cada momento. Incluso entre autores o profesionales que comparten criterios epistemológicos, lo aceptado generalmente como evidencia resulta variable con el paso tiempo. Así, nos parece aún pertinente la observación de Thomas Kuhn en 1964 -en su clásico “Estructura de las revoluciones científicas”-, de que en las ciencias “psi” no se ha resuelto de manera definitiva la dificultad epistemológica de la inexistencia de un acuerdo paradigmático general sobre cual es el objeto sobre el que se trabaja – ¿conducta?, ¿cognición?, ¿relato?, ¿significante?- ni sobre los métodos por los que el objeto se debe investigar, ni sobre los procedimientos de evaluación de las intervenciones. Esa dificultad hace difícil transmitir qué se hace en una intervención psicoterapéutica, detrás de qué nombre se pone a lo que se hace. Una extensa revisión comparativa sobre investigación en intervenciones psicoterapéuticas (17) sugiere que lo que los profesionales hacen en la práctica, podría ser más parecido entre si de lo que se suele creer tras los nombres que reciben las prácticas descritas en las distintas técnicas o escuelas.

En nuestro caso, practicamos intervenciones con encuadre flexible, basadas en la entrevista individual no estructurada, centradas preferentemente en la demanda del paciente, con estilo tanto más directivo cuanto mayor es la gravedad del paciente, y orientadas  a:

 

a)   Inducir y apoyar la elaboración subjetiva del paciente de su propio proceso de enfermedad, su aceptación y conciencia de la misma y conocimiento de las dificultades que conlleva.

b)   Mantenimiento y ajuste de expectativas respecto del futuro.

c)   Apoyo de su proceso de habilitación: encuentro con todas las dificultades de la edad: familia, sexualidad, ilusiones, amigos, intercaladas en el sufrimiento que  les  produce su  propia patología

 

En muchos casos, como ha sido señalado (12), en el curso de su trabajo psicoterapéutico los pacientes han de afrontar la aceptación realista de modificar sus  expectativas de vida, con la decepción consiguiente que acarrea para ellos y también para sus padres, aunque ese ajuste redunde a la postre en una mejor calidad de vida. Ajustar estas expectativas por parte de todos: familia, paciente, profesionales, puede permitir elaborar un proyecto de vida, menos frustrante y a la larga más integrador.

Es asimismo frecuente que a lo largo del tratamiento se produzcan los primeros acercamientos sexuales de los pacientes, con el miedo que causa a sus familias, que por vez primera abandonen solos su barrio en transporte  publico, que manejen dinero para las salidas organizadas desde los talleres de AVD de terapia ocupacional etc. Se debe tener además en cuenta que junto a su propia problemática personal, social, familiar, aparecen las propias de la edad. Así , los efectos grupales, las rivalidades, rebeldía dentro del tratamiento se suman a las dificultades propias de la enfermedad: aislamiento, introversión, apatía, rituales, etc. La dificultad para el terapeuta sería discriminar los intentos emancipadores propios saludables de la edad entre la maraña de fenómenos psicopatológicos, conflictos familiares etc. mediatizados por la sicopatología.

 

3.- Psicoterapia Grupal.

Está acreditado bibliográficamente, que las terapias de grupo son útiles en el tratamiento de casi toda clase de pacientes psiquiátricos, incluyendo los pacientes esquizofrénicos (11).

Los objetivos son básicamente los mismos que para el individual, pero además aporta:

a)                 El encuentro con un grupo de pares que también sufre similares dificultades, con lo que el paciente no se siente tan solo con ellas, y puede compartir no solo problemas sino soluciones.

b)                 Dado lo peculiar de su edad, muchas veces, están más dispuestos a escuchar a sus propios compañeros que a los adultos; y lo que viniendo de un terapeuta podría ser vivido como una imposición, o una crítica, viniendo de un compañero es bien recibido.

 

 

4.- Trabajo con las familias.

Típicamente, los pacientes suelen llegar acompañados de sus familias, tan asustadas, negadoras, o colaboradoras como pueden estarlo  ellos mismos. Una vez realizada la indicación de hospitalización parcial se formaliza un contrato terapéutico con el paciente y otro con el representante de la familia.

Desde los trabajos clásicos anglosajones de los años `60 de Brown  y otros, se ha prestado mucha atención a la interacción entre el paciente y sus familiares. Está acreditado (16) que trabajar con las familias de los pacientes es útil, reduce las crisis y hospitalizaciones. Tras estudios longitudinales muy prolongados, Luc Ciompi (19) enfatizó que las expectativas del entorno – y en los primeros episodios, el entorno es fundamentalmente familia, escuela y grupo de amigos-, son un factor predictivo de la máxima importancia en la evolución de las psicosis.

Por ello es lógico incluir el trabajo con las familias y que tratar de evaluar qué, cuando y cómo es más conveniente, de entre el margen de intervenciones posibles (18). La mayor parte de las veces (61%) las intervenciones se realizan por iniciativa del equipo del hospital. (Los componentes de la intervención se describen en el gráfico “Tipos de intervención que realiza el profesional”).


 

Como se puede observar, la mayor parte del trabajo consiste en informar. Nos toca muchas veces ser portadores de "malas noticias". Frecuentemente reciben de nosotros la primera información sobre la gravedad del diagnóstico de sus hijos o familiares. Es muy importante la forma en que es transmitida esta información. Es necesario ayudarles a aceptar la situación de enfermedad de su allegado y sus consecuencias, lo cual se debe entender como un proceso que se puede prolongar en el tiempo. Intentamos hacerles entender el por qué del tratamiento, y a discriminar los síntomas –de los que el paciente no tiene la culpa- de las actitudes, de las que si se les puede responsabilizar. Es necesario tener en cuenta y ayudar en lo posible a resolver problemas prácticos, proporcionar toda la información posible sobre recursos comunitarios y beneficios sociales a que podrían tener derecho.

Por señalar entendemos orientar la atención de la familia a hechos de los que nos parece que no han sido tenidos en cuenta por ellos para que tomen conciencia y se planteen si desean hacer algo al respecto (como por ejemplo el hecho de que su allegado haya abandonado los estudios, o no salga de casa)

Es interesante reparar en que sólo en menos de la mitad de las intervenciones los profesionales hicieron indicaciones –es decir, prescribieron actuaciones concretas a la familia, para que hicieran o dejaran de hacer algo-. Ello se debió probablemente a que cuando las intervenciones no se realizaron a demanda de la familia, como resultó se la mayor parte de las veces, había que lograr los objetivos preliminares de lograr su confianza y su cooperación, y ayudarles a recuperarse del impacto emocional de la situación.

Tratándose de una institución en que la mayoría de los profesionales tiene formación psicodinámica, es también interesante la economía en el uso de las intervenciones pensadas como interpretaciones psicodinámicas. Ello se debe probablemente al hecho de que los profesionales pensaron que una intervención tan especifica requiere para resultar útil de un encuadre muy estructurado que no se dio en la mayor parte de los casos.

En casi la mitad de los casos, los profesionales refirieron haber realizado actividades pedagógicas para enseñar a las familias a afrontar situaciones o problemas concretos, o ayudarles a ajustar las expectativas con respecto al futuro de sus hijos. Esta intervención sería quizás equivalente a las planteadas como de tipo formalmente psicoeducativo.

Algunas veces, los profesionales realizaron intervenciones directas sin contar con la familia (como solicitar a los servicios sociales que los visitaran en el domicilio)

Los profesionales consultados señalaron el papel en todos los casos de la intangible habilidad de escuchar.

Procuramos que el profesional encargado de la relación con cada familia sea diferente del que aborda el trabajo individual con el paciente. Esto facilita la confianza y la confidencialidad en el tratamiento individual, muy marcado por el momento crucial que atraviesa las relaciones del adolescente con los adultos.

Es llamativa la proporción de pacientes tratados en HdD en cuya situación familiar concurrieron situaciones familiares características: adopciones, divorcios difíciles, presencia de otros familiares con problemas psiquiátricos, situación de acogimiento en residencia de menores o de convivencia con familiares distintos de sus padres-, fenómeno que merecería una interpretación minuciosa y que condicionó la posibilidad de trabajar con ellas (18). (Ver gráfico “presencia de rasgos relevantes en las familias”. El capítulo “otros” agrupa situaciones no descritas en los demás grupos, en general relacionadas con no cooperación de los familiares por razones multivariadas -familias desestructuradas, inmigrantes inadaptadas, o que no comparecen a las citas-).


 

5.- La Tutoría.

La tutoría es un espacio creado para coordinar los diversos aspectos que surgen en este proceso de tratamiento – habilitación - rehabilitación.

Es el espacio de la regulación normativa: regulación de horarios, cumplimiento de actividades en el centro.

Es también el espacio para que el paciente sea autor de su propio proceso, en el que se discute y pactan las actividades que se realizan dentro y fuera del centro, actividades de terapia ocupacional, de ocio, acudir a clases, tipos de estudios a realizar, trabajo, etc.

Es el espacio para que el paciente plantee las dudas, cuestionamientos o dificultades con respecto a las decisiones que el equipo técnico del centro pueda tomar a lo largo de su estancia en el hospital de día.

El tutor suele ser el miembro del equipo, encargado de coordinarse tanto con los profesionales del centro como con los profesionales ajenos al mismo que trabajan con el paciente, tal es el caso de profesores, orientadores, profesionales de los CSM que derivan.

Procuramos que sea un profesional diferente del psicoterapeuta. Nos parece importante, con algunas excepciones, no vincular el desarrollo de la actividad psicoterapéutica con la con la normativa.

 

6.- Terapia Ocupacional.

Las actividades de sostén son necesarias en los pacientes agudos. Contienen actividades orientadas a ordenar el tiempo, adquirir o recuperar hábitos, reorganizarse cognitivamente mediante actividades manuales sencillas y ocupar el tiempo.

Un equipo de tres terapeutas ocupacionales las organiza de manera muy flexible, con grupos de pacientes afines entre si. Se realizan actividades individuales y grupales. El objetivo es que puedan adquirir, recuperar, o, al menos, no perder, habilidades personales y sociales. Los contenidos varían según los grupos de pacientes, pero suelen consistir en manualidades, actividades de culturales, de ocio o recreo para ser desarrolladas en grupos, actividades de la vida diaria, y talleres de apoyo al estudio. También planificación de actividades tras el alta y para algunos pacientes, apoyo en la búsqueda de empleo.

Progresivamente, los pacientes están preparados para retornar a sus actividades usuales antes de la crisis, que generalmente, por su edad, son de tipo académico, de formación profesional y mas raramente,  laboral.

La combinación y sucesión de actividad, habilitación / rehabilitación aquí engarza con el concepto de rehabilitación vocacional. Este aspecto específico es muy cuidado desde Terapia Ocupacional y se presta atención a que los pacientes estén informados de las posibilidades de reanudar actividades normalizadas, cosa no sencilla en una edad en que la vida se organiza en el ritmo de los cursos académicos a cuya cronología necesitará acoplarse el paciente.

Muchos de los pacientes (68%) retornan durante el tratamiento o tras él a un medio normalizado, que no es siempre al mismo del que procedían. Desde Terapia Ocupacional se han organizado talleres con la idea de abrir nuevas expectativas vocacionales y de intereses personales,  así como talleres pre-laborales dedicados a aquellos que no van a continuar estudios. (Por ejemplo, una parte de las carpetas que se entregaron a los asistentes en el IV Congreso AMRP, en el que fue presentada esta ponencia, han sido realizadas en uno de ellos)

Se trabaja la responsabilidad, el compromiso, los horarios, todo ello fundamental para su adaptación a cualquier medio, escolar, laboral o de rehabilitación.

Pensamos los tres aspectos: habilitación, terapéutica rehabilitación indisolubles entre sí e interdependientes, por ello trabajamos con ellos conjuntamente desde cada una de las perspectivas detalladas aquí. La organización del Hospital de Día Madrid en forma de comunidad terapéutica facilita que se responsabilicen de su propio tratamiento y que puedan colaborar en el diseño de su propio programa de habilitación / rehabilitación.

 

 


Evaluación de resultados.

Un estudio (20) realizado por nuestro equipo sobre 88 pacientes incluidos consecutivamente en HdD  en 1994, con edades comprendidas entre 15 y 24 años, y presentado en el Congreso de la APA de Madrid, arrojó los siguientes resultados (Grafico: Duración de tratamiento / tipo de alta)

El tiempo de medio de tratamiento en hospitalización parcial  fue de 11 meses, que está en el tramo 10/12 meses en que produjeron más altas por mejoría. Otro  grupo de pacientes evolucionó lentamente y pese a su mejoría sólo recibió el alta tras dos años de HdD. Los tratamientos de duración inferior a tres meses correlacionaron con altas técnicas o abandonos de tratamiento. Las altas técnicas se debieron a contingencias que imposibilitaron proseguir el tratamiento (típicamente, no cooperación con el tratamiento)

Tras el alta, el 64% se integró en recursos comunitarios normalizados, frente a la situación inmediatamente previa al ingreso en la que ninguno de ellos lo estaba, y la de 30 días antes del ingreso en la que solo el 40% de ellos estaba de manera precaria. El recurso de integración social tras el alta fue mayoritariamente diferente del previo.

El 18% necesitó algún dispositivo especializado (como C.R.P.S., asociación de familiares, o taller protegido) para poder recibir el alta en HdD sin perder toda inserción social. Otro 18% no se insertó en medio alguno conocido por el equipo distinto del alojamiento.

Se usó la escala de Evaluación GAF de la DSM III-R para medir la variación de la situación global de los pacientes antes y después del tratamiento, con los resultados que muestra el gráfico (Gráfico: mejoría de valor GAF por grupos diagnósticos). Las medias de variación de valor GAF se han discriminado por grupos diagnósticos, y muestran mejoría en todos los grupos, más acusados en el grupo “otros diagnósticos”, que incluyó a los pacientes tratados con diagnostico diferente de trastorno de tipo psicótico (típicamente pacientes esquizofrénicos) o trastorno afectivos mayor (típicamente pacientes con trastornos bipolares). El grupo de “otros diagnósticos” incluyó pacientes con trastornos de control de impulsos, por ansiedad, de personalidad y de conducta alimentaria).

El valor medio GAF de los pacientes al ingreso (en un rango 0 / 90) fue de 32,28, que equivale a “bajo nivel de funcionamiento en varias áreas”. Al alta, el valor medio hallado fue 54,31, que correspondería a “síntomas moderados en actividades usuales”

 


 

Asociación Alonso Quijano.

Aunque no cuantificables, existen algunos efectos cualitativos que escuchamos con reiteración de muchos ex pacientes cuando acuden de visita al HdD tiempo después de haber finalizado su periodo de tratamiento: los lazos afectivos establecidos, la amistad, la sensación de pertenencia; el ejercicio de tolerancia, de la solidaridad entre ellos, el rastro de la relación con unos adultos raros que intentaron cuidarles durante sus crisis;  marcas de una relación en comunidad terapéutica que algunos han  querido prolongar.

Desde 1992, un grupo de ellos quiso permanecer en contacto informal con el HdD como modo de mantener el contacto entre ellos tras el alta. Parte del equipo apoyo la idea y el HdD prestó sus instalaciones algunas horas por semana. Del grupo inicial surgió la idea de un Club Social que se reunía semanalmente, para verse bajo el pretexto de organizar tertulias, actos culturales o creativos. Durante dos años sostuvieron una emisión pirata de radio y editaron un fancine –“La Onda Locura”-. Como la idea cobraba consistencia, se prestó apoyo desde el HdD para que fundaran una Asociación –la Asociación Alonso Quijano-  formada por pacientes, ex -pacientes, familiares, amigos y profesionales.

Desde la Asociación se ha abordado de manera informal actividades como el apoyo mutuo para el tiempo libre en fines de semana, para aquellos cuyas limitaciones les hacen necesitar de apoyo, o aquellos que perdieron o no llegaron a adquirir vínculos sociales estables, un grupo supervisado de ayuda mutua de padres de pacientes, y actividades anti-estigma en cuya organización participan activamente ex pacientes como el I Certamen Poético Alonso Quijano.

En esta asociación, creada de forma horizontal, alguno de los antiguos pacientes han podido variar su rol realizando tareas de voluntarios monitores. Los ex pacientes forman parte de la Junta Directiva y participan la toma de decisiones.

 

 

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Madrid, 4 de noviembre de 2002.

Marisa Múgica y Ricardo Guinea.

Correspondencia:

Hospital de Día Madrid

C/ Manuel Marañón, 4.

28043 – Madrid.

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